La transición renovable no es fácil, ni barata
El fin de la dependencia del gas ruso no ha traído consigo la autonomía energética, y el estrecho de Ormuz vuelve a recordarlo
La transición hacia energías renovables en Europa es un desafío significativo, tanto en términos de costos como de difícil adaptación. Después de una serie de inviernos críticos en los años 2020, Europa se encontró sin suministros de gas nativos de Rusia, que representaban aproximadamente el 40% de su suministro total. La reducción del consumo y la búsqueda de fuentes alternativas, como los Estados Unidos, ha permitido mitigar la situación en ocasiones críticas.
Sin embargo, el gas sigue siendo una pieza clave en la matriz energética de Europa, y su importancia no ha disminuido en absoluto. El cierre del puente de gas de Ormuz ha provocado un alza de precios record, y los inventarios no han retenido un ritmo de llenado previsto. Los contratos de suministro a largo plazo ofrecen una protección temporal contra posibles escaseces, pero no proporcionan una solución definitiva a los riesgos geopolíticos que persisten.
Así, Europa permanece lejos de la independencia energética y queda influenciada por las fluctuaciones de la geopolítica internacional. La transición hacia energías renovables no es fácil ni barata, y requiere una planificación cuidadosa y una resistencia a largo plazo para superar los obstáculos que presenta.
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