La nueva guerra energética en el Mediterráneo oriental (y por qué Egipto y Turquía llevan las de ganar)
La rivalidad por el control del gas natural entre los países de la región está menos en la gestión de los yacimientos y más en la infraestructura para su mejor comercialización
La nueva guerra energética en el Mediterráneo oriental ha cambiado su enfoque de la búsqueda de los mayores yacimientos de gas natural a la importancia de la infraestructura para su comercialización. A destacar son Egipto y Turquía como los actores principales en esta carrera.
Egipto cuenta con dos plantas de licuefacción (Idku y Damietta) que le permiten exportar gas licuado (GNL) a gran escala, lo cual lo convierte en un posible centro de comercialización. Sin embargo, replicar esta infraestructura demuestra ser costoso y llevar casi una década. A su vez, Israel exporta gas de sus principales yacimientos a Egipto, con lo que ambos han reimportado en verano pasado.
En el caso de Turquía, su estrategia radica en una mezcla de diversificación de proveedores, mayor flujo de gas a través de oleoductos, producción local, almacenamiento y un mayor poder de mercado. Con cinco terminales de regasificación, tanto terrestres como flotantes, y la explotación de sus propias reservas en el mar Negro, Turquía se posiciona como uno de los principales proveedores de Europa, transfiriendo el exceso y estableciendo un mercado propio.
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